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Sabía que la Semana Santa pasada iba a ser especial para mí. Lo intuía. Eran muchas las cosas que habían pasado en mi vida en el último año, imagino que como todo el mundo, unas buenas, muy buenas, aunque otras no lo eran tanto.

Esperaba con ilusión la llegada de esas fechas, pero muy especialmente, la llegada de Jueves Santo. El pequeño ritual que conlleva en mi familia ese día y el poder disfrutarlo de nuevo todos juntos, me hacía empezar a sentir un pequeño cosquilleo por todo el cuerpo. Cosquilleo…

Había llegado ese día. Me desperté inusualmente con nervios. Pensé que todo el tiempo que llevábamos preparando estos días, ensayos, menos horas de sueño, me pasaban factura. Quizás sí, o quizás no.

Fueron pasando las horas. Se apagaron las luces del Perpetuo. Llegaba el momento de nuestra salida procesional, y la emoción empezó a apoderarse de mí.

En el momento de la salida de nuestros pasos empezaron a pasar por mi cabeza imágenes y pensamientos de lo ocurrido en ese último año. Sentí tristeza al recordar a uno de mis amigos. Porqué quizás hasta ese momento no había sido capaz de darme cuenta de lo que suponía su pérdida. Quizás sí, o quizás no.

Pero me dí cuenta que sentía, sobre todo, una alegría infinita.

Alegría porque uno de los miembros de mi familia podía procesionar tras superar una enfermedad, que el había sabido llevar con una dignidad admirable por parte de los que estábamos a su alrededor, y que seguramente yo no hubiese sido capaz de ponerme en su lugar.

Alegría porque fue por él por quien volví a involucrarme en la Cofradía.

Alegría porque todo su silencio y discreción, se vio reflejado al llegar a San Cayetano, con un pequeño gesto para algunos, pero que para él significaba más de lo que pudiésemos imaginar. Esa última levantá…

Y de nuevo comencé a llorar.

Lloré al darme cuenta de la cantidad de gente que habíamos tenido a nuestro lado. Buena gente, y cómo no, grandes amigos.

Lloré por sentirme orgullosa de pertenecer a la familia que pertenezco.

Lloré por tantas cosas……

Pero lloré por la ALEGRÍA DE VIVIR.

M.P.S.P.

 
   
   
   
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