He tenido que tomar decisiones que aunque no son agradables, mi sentido estricto de la responsabilidad no me ha permitido soslayarlas. Me he visto en la obligación de enfrentar mi opinión con la de amigos, y aunque nunca he pretendido que trascendiera a las relaciones personales, seguramente no lo he conseguido y esto hace la cuestión más dura.
Gracias a Dios, un año más cuento con un madero en el costero derecho de quinta para pasar unas horas a solas. Este año quiero que la persona que salga del paso sea distinta de la que entró. En realidad esto debería pasarme todos los años, pero esta vez lo necesito especialmente. Este año necesito sacar partido a la procesión del Jueves Santo en todos sus matices. Sobre todo los aspectos de penitencia y reflexión que deberían estar presentes en todo acto procesional de esta características.
En lo que a reflexión se refiere, no quiero que el próximo año sea como este y muchas de las cosas que quiero cambiar ya las tengo decididas y alguna otra no depende de mí. Aún así quiero pasarlas todas ellas “por el madero”. Si al final mis decisiones son acertadas o equivocadas, Él no podrá decir que no se las consulté y le pedí consejo.
En cuanto a lo que penitencia concierne, asumo que habré cometido errores, o que determinadas actuaciones traerán consigo consecuencias no deseables ni queridas. Sólo eso ya me genera un acto de contrición y una necesidad de expiación, que mi costero derecho de quinta seguro que me ofrece.
Quiero pensar que cada uno se busca sus excusas para estar aquí. Estas son las mías este año. Todos hemos buscado la forma de hacerlo y nos hemos acomodado en una sección. Para cada uno será esa la mejor forma de sacarle partido al Jueves Santo y no creo que sea malo pensar así.
Yo no siento que la Cofradía acabe en los faldones del paso del Cristo del Amor Fraterno, pero sí puedo asegurar, que en ninguna otra parte de la Cofradía podría hacer y sentir lo que hago y siento cuando MI CAPATAZ me grita aquello de ¡¡¡ Al Cielo Con Él !!!, y el paso, con su lenta y rítmica cadencia, se adentra por esa calle retorcida y en penumbra, apenas iluminada y teñida de esa luz amarillenta y languidecente que desprende la cera, y que me aporta sobremanera el mejor de los escenarios para la reflexión y la penitencia.
Hay otras formas de verlo, pero no son la mía.
Jesús María Lasarte Velillas Delegado de la sección de costaleros del Cristo del Amor Fraterno