Con esas palabras tan rotundas da inicio la cuaresma con el rito de imposición de la Ceniza.
¡Arrepiéntete!, se nos dice.
Hay tiempo de pecar y tiempo de convertirse. El tiempo de pecar suele ser muy largo. Todos pasamos por momentos malos en que abandonamos el buen camino y nos adentramos en la mala vida.
Pero hay también épocas buenas en las que hemos sido capaces de hacer el bien, hemos estado en paz con Dios, con los demás y con nosotros mismos.
Debemos sacar una conclusión: el hombre puede, si se esfuerza, puede mejorar.
Ese es el sentido de la Cuaresma, mejorar, iniciar un cambio. En la cuaresma se nos invita a un cambio. Dios nos da la oportunidad de arrepentirnos. Es un tiempo de gracia en que Dios nos ofrece su perdón con especial generosidad para cambiar.
Dios suele pasar una y varias veces por nuestra vida, pero no tiene obligación de volver a pasar por nuestro lado. Por eso te invitamos a aprovechar la ocasión esta Cuaresma para conseguir nuestra conversión, desde el primer día, el miércoles con la imposición de la Ceniza en nuestra frente como signo externo del arrepentimiento.
Después vamos acambiar e inicar nuestro camino por la senda del amor de Cristo.