Estoy a punto de conocerlo, faltan unos días, tengo muchas ganas de saber si es alto o bajo, rubio o moreno, pero todavía no sé qué decirle cuando lo tenga cara a cara.
No sé si es mejor tener un discurso preparado, en plan serio, guardando las formas, o improvisar lo que salga en ese momento. Por lo que tengo entendido, lo más probable es que ninguna de las dos fórmulas sea la más adecuada ¡no hablamos el mismo idioma! Pero alguna forma habré de buscar para comunicarnos, somos dos seres humanos, los dos tendremos ganas de decirnos cosas, de transmitirnos sensaciones, de quejarnos, de exigirnos, de protestar...
Uyuyui...Van a ser muchas cosas para hacerlo sin un lenguaje común. Claro, siempre está la tranquilidad del “Dios proveerá”, pero caramba, es que tiene que proveer en cuestión de treinta o cuarenta días, y sinceramente, a mí nunca se me dieron los idiomas.
¡Qué lío! Imagínate que te vas a la T4 de Barajas, ahora que está de “moda”, y al primer pasajero de un vuelo que sepas que procede de Noruega (alto y rubio, para asegurarte) intentas hacerle comprender lo que se te pasa por la cabeza en ese momento. Desde luego si lo logras, la provisión divina, se acerca al milagro.
En realidad, ahora que lo pienso bien, tampoco tengo que decirle al principio cosas muy complicadas; como aquel que dice, cuatro conceptos básicos: que voy a estar con él, que le voy a proteger, a querer, a cuidar y que no tiene que preocuparse por nada. Se me ocurre que, tal vez, el lenguaje de los gestos sirva. Seguro que podría expresarle alguno de esos sentimientos, con un beso y un abrazo. Y seguro que él lo va a entender.
Ya sé, ya sé, estáis pensando en qué necesidad tengo de decirle esas cosas a un noruego recién aterrizado en España, pero no estoy hablando de eso; estoy intentando deciros que si un beso y un abrazo son gestos más que adecuados, para expresarle esas cosas a mi hijo que nacerá en unas semanas, igualmente de explícitos lo pueden ser para cualquier persona que esté cerca de vosotros, y a la que necesitéis hacer llegar un mensaje de cariño, amistad, cercanía o amor.
Al menos hasta que aprenda ha hablar, pero eso... eso es otra historia.