En tierra extraña peregrinos con esperanza caminamos que, si arduos son nuestros caminos, sabemos bien donde vamos Entre el dolor y la alegría, con Cristo abandona en su andadura un hombre, un pobre que confía y busca la ciudad futura
(Himno de Laudes. Diurnal)
El himno de laudes que nos propone la liturgia de las horas para estos 40 días, nos marca bien cual es el sentido de la cuaresma. Este tiempo ofrece a todo cristiano la posibilidad de prepararse a la Pascua haciendo un serio discernimiento de la propia vida, confrontándose de manera especial con la palabra de Dios, que ilumina el itinerario cotidiano de los creyentes.
En la Biblia, el número cuatro simboliza el universo material, seguido de ceros significa el tiempo de nuestra vida en la tierra, seguido de pruebas y dificultades. La duración de la cuaresma está basada en el símbolo del número cuarenta en la Biblia. En esta se habla de los cuarenta días de diluvio, de los cuarenta años de marcha del pueblo por el desierto, de los cuarenta días de Moisés y Elías en la montaña, de los cuarenta días que pasó Jesús en el desierto antes de comenzar su vida pública.
La Cuaresma. Tiempo de penitencia y renovación para toda la Iglesia, con la práctica del ayuno, de la abstinencia y la caridad. Los que siguieron a Jesús lo recordaban como un hombre que contagiaba alegría y animaba a la creatividad. La cuaresma es el tiempo del perdón y de la reconciliación fraterna. En este tiempo de renovación también a nosotros se nos llama a ser creativos y alegres. Nos llama a buscar lo verdadero que hay en estas prácticas cuaresmales. Nos llama a buscar lo nuevo y bueno de nuestro mundo. El vino nuevo en odres nuevos ésta es la consigna clara de Jesús, sí a la fe alegre que renueva la vida, sí a la creatividad, sí a la novedad del evangelio; no a la religión triste, no al conservadurismo, no a extrañas combinaciones y mezclas, a un manto viejo nadie le echa un remiendo con un paño nuevo pues lo rompe.
Dentro de este contexto, podríamos hacer de la cuaresma una marcha hacia el hermano, hacia el pobre, una peregrinación al lugar de la misericordia y al amor. Pero ¿la Cuaresma no es caminar hacia la Pascua, hacia Cristo Resucitado?, si nos hemos hecho esta pregunta en serio, alguien tendría que respondernos, ¿tanto tiempo leyendo el evangelio y aún no sabes que Cristo está en los hermanos y en los pobres, y que los hermanos y los pobres están en Cristo?; ¿aún no sabes que caminar hacia el hermano y el pobre es una pascua?
La Cuaresma te pide conversión. Si te pones en camino hacia el otro te convertirás radicalmente; no podrás dar un paso si no has empezado a convertirte. Ir hacia el otro exige desarraigo; abrirte al otro exige vaciamiento, vivir para el otro exige morir para sí.
Caminar hacia el otro es empezar a conocerlo, no sólo su nombre, sino toda su verdad. No es nada fácil. ¿Tanto tiempo con vosotros y aún no me conocéis?. No es fácil porque nos dejamos llevar por los prejuicios, por la superficialidad, por lo que se dice. Te encuentras con el otro cuando sientes y sufres y padeces y gozas con él. Cuando haces tuyas las cosas del otro.
La liturgia en la Cuaresma nos habla de tiempo favorable, un tiempo de bendición y gracia, apto para la conversión y el crecimiento. Por lo tanto, no lo debemos perder, no lo podemos desaprovechar. ¿Cuándo es tiempo favorable? Un hombre sabio y santo respondió con acierto al rey que buscaba la mejor manera de gobernar. Quería saber el tiempo oportuno para cada negocio, las gentes más necesarias con las que colaborar y la obra más importante que emprender. Sus consejeros le habían dado toda clase de respuestas. El sabio-santo le contestó con una experiencia. Venía a decirle: -El tiempo más oportuno es el tiempo presente. El hombre más necesario es aquel que está contigo o que te espera. La obra más importante es la que tienes entre manos.
Efectivamente, ahora es el tiempo oportuno, ahora es el tiempo de Gracia, ahora es el tiempo de la salvación. No podemos evadirnos del presente pensando en el futuro o añorando el pasado, como dice Pascal, así, no vivimos nunca, sino que siempre estamos esperando vivir.
Vive el ahora, pero con toda la intensidad, te será más fácil la oración, la apertura a Dios, y el amor a los demás. Vivir el ahora de la Cuaresma es vivir el camino hacia la Pascua.