Siguiendo con el proyecto del Paso, y avanzando otro poquito en la
realización de las cartelas, la próxima Semana Santa podremos incorporar otras dos
cartelas, gracias a la inmensa generosidad de dos hermanos cofrades -o, quizá se
más correcto decir de dos familias de cofrades-.
La primera cartela
que os presentamos corresponde a Nuestra Señora del Perpetuo Socorro que,
como imagen de Virgen, ocupará una de las esquinas traseras del Paso.
Miguel Ángel Domínguez, el escultor autor del barro, en su realización
ha seguido fidedígnamente el icono de la Virgen reproduciéndolo hasta
en sus más pequeños detalles...
Creo que no hace falta decir, que la razón de esta cartela se encuentra en la advocación de la Iglesia de los Padres Redentoristas que tan hospitalariamente nos acogen.
En esta foto, tomada más de cerca, podemos apreciar el detalle con el que está realizada, el gesto de la madre recogiendo cariñósamente las manos del niño y, de éste asiéndose al dedo de su madre.
También podemos apreciar la perfección del trabajo del escultor en el detalle del trabajo en el pelo del niño y, en general, en las ropas.
Aquí, un primer plano de uno de los ángeles que aparecen en el icono y que llevan en sus manos los instrumentos de la pasión que, en un sueño, han asustado al niño, como anuncio de lo que ha de pasar y, razón, por la que corre a refugiarse en los brazos de su madre.
Y, al otro lado, otro ángel, portando en sus manos la cruz.
La otra cartela que incorporamos
este año, será la central del lateral izquierdo de la canastilla; por tanto, la que va al otro lado de la escena de Jesús con la cruz en el suelo y el romano a caballo.
La cartela representa una de las escenas del Via Crucis que rodea el Paso y es una
imagen del Descendimiento.
En esta escena, el escultor, pudiendo
desarrollar plenamente su creatividad, no encontrándose sujeto a los estrictos límites de un icono, ha realizado otra pequeña obra de
arte. Decimos lo de pequeña por el espació en el que la ha realizado, pero por lo demás....
Os invitamos a ver la imagen un poquito más de cerca.
El grado de detalle, la expresividad de las imágenes, el dramatismo que transmite,...
En ocasiones es mejor callar y dejarse llevar por la imagen, recrearse en su detalles...
A un lado un discípulo.
Probablemente José de Arimatea, con un jarrón en la mano con las esencias y aceites para el embalsamiento del cuerpo según el ritual judío.
El gesto de dolor de su cara lo dice todo
Al otro lado, la madre, María.
Al igual que en el barro de la otra cartela, la madre recoge a su hijo un mano caída. Pero en esta ocasión es la madre la que esta horrorizada ante la presencia de la Cruz y del hijo muerto.