Poco a poco, en la soledad de un camino, en las afueras de la Ciudad.
Donde ya no hay Ciudad y se confunden las calles con los campos. Rodeados de árboles, piedras y vías de tren, se van formando largas filas de tambores y bombos.
Perdidos entre las filas, caminando uno detrás de otro,lentamente, repiten con rutina monocorde sonidos aprendidos hace tiempo.
Hoy es ensayo, hoy no van tapados, pero sus tambores son iguales, sus bombos también, y sus caras ... no importan, todos esperan lo mismo.
Y se alargan las filas de caminantes anónimos, rumbo a la noche, con destino en un Jueves Santo próximo, en el que aclamarán con sus toques a Cristo.
Y llamarán a todos a verlo pasar.
Niños andando en apretadas filas de bombos amarillos.
Niños andado detrás de sus mayores.
Preguntando cuál es el camino.
Pero no hay camino. El camino es seguir andando, con tu tambor, con tu bombo, detras del Paso de la Santa Cena, esperando alcanzar su Pan de vida.
Pasan los años y sigues caminando con tu viejo tambor entre las manos.
Y ves como otros también siguen tu caminar, ...
Finalmente levantas las baquetas para inicar otro redoble, otro año, al salir el Paso, al partir el Pan.
¡Todos a una!
¡Ensayad fuerte!
El día se aproxima,
La noche llega,
La Cena del Señor va a salir.
Y sois sus primeros convivdados a la mesa para anunciarla, para pregonarla.