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Siempre que he tenido que contestar esta pregunta he contado la misma historia para explicarlo.

"Hace mucho tiempo -mil años quizás- un hombre volvía del campo. Todos los días paraba a mitad del camino para descansar un rato y aprovechaba ese remanso de paz para rezar. Entonces, sacaba su librito de oraciones y leía alguna oración que ya había repetido muchas veces. Pero, ese día, había olvidado su librito en casa. Se enfadó mucho, no iba a poder rezar. Pese a haber repetido sus oraciones casi a diario no recordaba ninguna".

"¿Que puedo hacer hoy?" -se preguntó aquel hombre-.

Veréis; ese hombre elevó los ojos y miró al cielo. Estuvo contemplando su inmensidad un rato. Después bajó los ojos a la tierra y estuvo contemplando la naturaleza que le rodeaba, hasta donde alcanzaba el horizonte. Y, por fin se decidió, por primera vez en su vida, a abrir su corazón al padre, a hablar el mismo, a expresarle sus propios sentimientos, no los de otras personas."

"Señor -comenzó diciendo- soy un pobre hombre, hoy no puedo rezarte porque he olvidado mi libro de oraciones y, como soy tan ignorante, no recuerdo ninguna. Voy a recitar el abecedario, una vez detrás de otra, durante este descanso en mi camino. Tú, que todo lo sabes, que conoces todas las palabras del mundo, que has creado las palabras más bellas y más hermosas, escoge las letras que necesites para formar las palabras más bonitas y únelas, formando mi oración."

 "Y comenzó sin prisa, con toda su fe, con todo su amor de hijo a desgranar lentamente la letanía de letras: a, b, c, d, e, f,... Una vez detrás de otra hasta que pensó que Dios tenía suficientes letras para formar su oración, la más bonita, la más hermosa."

"Ese día ninguna oración le pareció más hermosa a Dios que esta, pese a su inmensa sencillez, porqué estaba hecha de amor, porqué salía de lo más profundo del corazón de ese pobre hombre que todos llevamos dentro."

 Tocar el tambor es levantar los ojos al cielo en medio de la noche. Apretar con fuerza los palos y golpear con sentimiento el tambor para que vaya sonando "pon", "pon", "pon". Y, lentamente, recitar nuestro abecedario particular.

 
   
   
   
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