Queridos
Hermanos en Cristo: Empezamos
en estos días un nuevo año cofrade, encomendándonos una vez más a
nuestra Madre la Virgen del Pilar. No puedo ocultar que estos días
son para mí una época divina donde se contraponen sentimientos
escondidos en el alma de todo aragonés que se precie de serlo. Son
tiempos también de inicios y proyectos, y de promesas que esperemos
que este año sí se hagan realidad. Que
si voy a intentar sentir más la cofradía y acudir a los actos que
se organicen todo el año. Que
si voy a pagar esos últimos recibos que no pagué y que tanto
necesita la Cofradía. Que
si voy a aportar una nueva limosna para que esa cartela o esa
remodelación de la Cena salgan adelante. Que
si voy a trabajar en un grupo cofrade sin esperar nada a cambio,
aunque luego recibiré tanto por mil. Que
si voy a dejar de pensar qué hace la cofradía por mí o qué no
hace, y voy a empezar a pensar qué puedo hacer yo por la misma y que
no debería dejar de hacer. Que
si … Son
tantas
cosas
que
podemos
mejorar,
que
a
veces
nos
olvidamos
de
lo
fundamental,
que
es
nuestra
vida
cristiana,
nuestra
relación
con
Dios,
su
Hijo
y
su
Madre.
Para
que
el
Espíritu
Santo
esté
sobre
nosotros
cada
día,
debemos
invocar
con
la
oración
su
ayuda
y
comprensión. No
viajamos solos, nuestro camino es una huella más en la arena, adonde
llegamos desde el vientre de nuestra madre, desde el alma de nuestros
amigos, desde el grupo cristiano al que pertenecemos y del que nos
sentimos orgullosos. Que
no os tengan que llamar a capítulo para llenar vuestra vida de
alguna esperanza cofrade, venid y se os dará, llegad y seréis
recibidos, colaborad y alcanzaréis misericordia, pues la Cofradía
os espera con ilusiones renovadas. No
desesperéis, el alba está cerca.
Jesús
Nadal Hermano
Teniente.