Queridos hermanos: Con vuestro permiso, y sin ánimo de ofender, he sido ciertamente observadora en ocasiones y, en nuestro deseo de adorar a Jesús presente en la Eucaristía, vamos a nuestros templos, y a veces nos ocurre que llegamos y nos sentimos con poca disposición, otras veces con nuestro corazón frío de devoción y en alguna oportunidad que no sabemos qué hacer, por lo que en numerosas ocasiones damos por terminada la visita al Santísimo Sacramento y nos retiramos.
Este pequeño consejo, repito, con vuestro consentimiento, se ofrece como una ayuda a quienes hemos pasado alguna vez por estas situaciones y deseamos pasar un instante con Jesús.
En primer lugar, es necesario que estés dispuesto, verdaderamente, a "perder el tiempo" con Nuestro Señor; si estás apurado, deja este encuentro para otro día, porque no se trata de enlazar rezos y oraciones sino de comunicarnos con Jesucristo: hablarle con nuestra boca, mente y corazón, abrirnos para verle y escucharle.
En segundo lugar, elige dentro del templo, frente al sagrario, el lugar que más te ayude por la intimidad que te ofrezca.
Y, a continuación, déjate llevar y siente si, en algún momento, ya experimentas encendido tu corazón, Si así es, sigue orando como te surja en tu interior y abandona esta ayuda, porque ya el Espíritu vino en tu auxilio y no hay mejor maestro de oración que Él.
Posteriormente, en próximas publicaciones, daré a conocer, y para quién ya conozca sobre el tema sirva como recordatorio, el origen, práctica y significado de la "Hora Santa".