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El arduo trabajo camino del tiempo litúrgico de Pasión es continuo a lo largo
del año, pero las sensaciones son nuevas, irrepetibles, cientos de veces vividas y
no por ello exentas de incertidumbre, de pasión, de amor a las fechas en que los
cofrades vivimos los más intensos momentos de armonía y sensaciones
indescriptibles. Los días santos ya no son de miedo sino de llanto contenido, un
perfil de espinas iluminado con naturales esencias de cera e incienso.

Siendo observador he comprobado que la gente joven viene con ganas, pero
corre, sin paciencia, quieren en un día adivinar todo el misterio que nos embarga
en la Semana Santa. Los más veteranos, por otro lado, saben cuidar el letargo de
nuestras vivencias, nos acercamos cautelosamente, saboreando, con el instante de
unos ojos cerrados, que gozan toda la esencia de una marcha cadenciosa, un paso
lento hacia el irremediable dolor del sufrimiento de Cristo; y percibimos antes la
expresión de los ojos de una Virgen que lloran silenciosos; de todas formas, he de
confirmar que los más mayores, en ocasiones, olvidan sonreír y anhelar esa
juventud que un día tuvieron, esa esperanza con la que vivían la Semana Santa,
aspecto, por otro lado, que los jóvenes tienen más presente.

A todos, mayores y jóvenes, se os ha dado un ministerio, un poder
grandísimo al elevaros a la categoría de cofrades. La responsabilidad ante los más
jóvenes, ante los hijos, es dolorosa en su contenido, hecha a fuerza de hábito e
instrumento, de cera e incienso, de costal y trabajadera, de reuniones y arduo
trabajo ingrato en un mes de estío. Pero la experiencia no es mera consecuencia
del transcurrir de los años, sino el producto del trabajo realizado, unas veces bien
otras mal, pero siempre rendido a los encantos de servir a nuestra Semana Santa
desde lo profundo del corazón.

Estoy convencido de que el aprendizaje ha de ser punto de partida para que
la evolución de las Cofradías sea un hecho real, un objetivo basado en encontrar
un fin cristiano que sea la formación continua de los hermanos, jóvenes y
mayores. Las nuevas secciones y grupos han de estar implicadas en el lógico
evolucionar de los tiempos, crear nuevas formar de fomentar la vida cofrade
desde la sensibilidad de los problemas sociales y la solidaridad. Esa evolución de
nuestra Cofradías es el testigo del pensamiento y forma de actuar de los nuevos
grupos y secciones cofrades que conforman las actuales Juntas de Gobierno.

Se ha pasado de la única programación del desfile procesional, a la
confección seria y comprometida de auténticos calendarios de cultos y formación
que, para los que llevamos varios años, nos resulta, cuánto menos extraño, ya que hemos evolucionado en unos tiempos dónde la Semana Santa sólo era la
escenificación de la Pasión y Muerte de Cristo en la calle, en nuestras procesiones.

El esfuerzo ha de ser unánime si queremos dar ese cambio positivo que nos
eleve al verdadero sentido de Cofradía como asociación eclesiástica, sin perder las
tradiciones y costumbres que nos definen como cofrades. Por tanto, la experiencia
de los más veteranos debe ser el impulso esperanzador de que nuestra juventud,
nuestros adolescentes, sepan ver y comprender ese entusiasmo que todos hemos
adoptado al sentir unas creencias que nos movían a definirnos en la vida cristiana
que hemos elegido. Existen pruebas fehacientes, que duda cabe, de que
efectivamente existe cierto ambiente juvenil impulsado por la cultura de las
Cofradías, pero, la edad, así lo manifiesta, considero que ese aspecto cultural no
es vehículo suficiente para llegar a amar, para toda la vida, el sentimiento de ser
Cofrade.

Ser cofrade es difícil de definir. Es verse involucrado en una forma de vida
dónde la cofradía es símbolo de la unión del amor a Cristo. Es apropiarse de la
Pasión y muerte de nuestro señor para encauzar el modelo de vida a seguir. Es
la caridad entre los hombres, la humildad, la solidaridad en lo concerniente a la
problemática social, sensibilizarse de los problemas de la humanidad para
transformarlos y solucionarlos desde el ministerio de evangelización de nuestros
puestos en las cofradías. Y es rendir culto a nuestro Dios, a su Santísima Madre y
ser fiel reflejo de la vida de Jesucristo desde nuestras humildes y efímeras vidas.

La reflexión de los más jóvenes ha de serenarse y prestar atención a la
experiencia de los años vividos por los mayores que pretenden enseñar, dar un
giro a sus vidas, para verse involucrados en la intensa y profunda emoción de
sentirse válidos para demostrar la fe desde la religiosidad popular. El inmenso
placer de la recompensa es profesarse apto para confraternizar con los hermanos
provenientes de un todo universal consagrado en la figura de Jesús. Es sentir la
libertad de amar y sentirse amado en la comunión de la penitencia conjunta, la
reconversión de un ideal de vida encaminado a los demás.

Animo a las vocalías, grupos o secciones de juventud, bajo la ayuda solidaria
y comprometida de los mayores, a reflexionar sobre la importancia de ser
responsable en este arduo trabajo. Valorar el compromiso de sus puestos dentro
de las Juntas de Gobierno o el organigrama funcional de la Cofradía, dónde han
de encauzar su misión en aportar a los jóvenes aquello que alimenta sus sanos
deseos de emprender una vida repleta que les engrandecerá y colmará en el
orgullo de darse al otro, al hermano.

ENHORABUENA A LA JUNTA DE GOBIERNO Y AL GRUPO JOVEN DE
LA COFRADÍA DE LA INSTITUCIÓN DE LA SAGRADA EUCARISTÍA.

Anónimo.

 
   
   
   
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