Amigos y hermanos de la Institución de la Eucaristía. Gracias por invitarme a participar en este número de vuestra revista, al pie la de la celebración del Misterio de la Muerte y Resurrección de Jesús. Mis reflexiones se centran en la Eucaristía-Banquete. Muy sencillas.
Hace unos años, primero días de Julio, viajaban en el tren. Un grupo de muchachos, según su conversación, han terminado los exámenes. Mencionan todas las asignaturas una por una. También la de religión -para mi sorpresa-, sobre Jesús y la “Misa” y todas las demás. Ellos ignoran, tal vez, que Jesús es un hombre de nuestra historia, que nace y vive en un tiempo y espacio muy concreto. Piensan que la Última Cena es una historia-fábula más de la antigüedad. Amigos, nadie duda de la historicidad de Jesús y de la celebración con sus discípulos de su Última Cena. ¿Qué decir de la Eucaristía como Banquete? Para entenderlo nos guiamos de las páginas del Evangelio. Jesús en su vida se reúne repetidamente con la gente del pueblo, precisamente en torno a una mesa, y come y bebe con ellos. En algunas parábolas menciona estas comidas. El Reino de los Cielos es como un Banquete con publicanos, pecadores, prostitutas. En la parábola del Reino no participan los oficialmente invitados; ocuparán sus puestos los desarrapados que andan por los caminos. En la parábola del Hijo Pródigo, el padre, al recibir al hijo perdido, organiza un gran banquete y festeja el encuentro. Enmarcadas en todas estas comidas vibran la acogida, la familiaridad, la convivencia y la comunión de vida y amor entre todos los comensales; igualmente la bondad y el perdón. La Última Cena es la más solemne en comunión de sentimientos y gestos profundos de entrega y amor a sus discípulos, y en ellos a toda la humanidad. Jesús, su persona, se da en estrecha comunión: “Tomad, comed…, tomad, comed…, mi cuerpo entregado, mi sangre derramada”. Su entrega culmina en una Alianza nueva de amor, sellada con su propia sangre, para el perdón y reconciliación de todos los hombres. Las comidas de Jesús en su vida, en la Última Cena, y más tarde, después de su resurrección, son comidas de fraternidad, y comparte íntimamente todos sus sentimientos más profundos. ¡Cómo abraza el padre al hijo pródigo en el banquete de la reconciliación! ¡Qué mirada la de Jesús de afecto y defensa de la mujer en la comida en casa del Fariseo! En la Última Cena Jesús lava los pies a sus discípulos, les entrega el mandamiento nuevo, les llama amigos. las comidas de Jesús, la Última Cena, son muy especiales. Jesús en la Eucaristía nos invita a participar en su misma vida, en la bondad y misericordia del Padre.
Hermanos y amigos de la Institución, si os parece bien, concluyo afirmando con verdadero gozo que celebrar la Eucaristía, o “ir a Misa”, es aceptar a vivir la comunión de vida que Jesús nos ofrece.