El lugar estaba al otro lado de la nada. Las serpientes reptaban como los silencios de los coros de tarántulas. No había casi luz, y las piedras teñían de gris las cuevas de las ratas. En el atardecer aún morían las flores de las plantas segadas por el estertor del alba. La arena lo cubría todo y ni siquiera los bordes del abismo podían sospechar lo que allí anidaba.
Eran más de las 70, las horas señaladas. Los días caían tristes entre nubarrones de plata. En una cueva escondida, en lo más recóndito del mapa se encontraba el averno de miles de palabras.
Es extraño ver morir y ver nacer al ritmo de las almas. En un laberinto de razones para seguir componiendo un proceso salvífico que a todos nos invade como esperada nostalgia.
Jesús estaba allí, se podía ver su rostro en el reflejo del agua inexistente, y en el brillo de las rocas amuralladas. 40 noches en vela, la cuaresma esperando la pascua. ¿Por qué se retiro al desierto y contemplo el inmenso poder del que le señala?
Nunca lo sabremos, pero si que recibimos como siempre su enseñanza. Dios preparándose para un calvario, y una cruz que soporta hoy en día demasiadas balas. Una cuaresma de cielo en una noche estrellada. Profundo dilema el de Jesús atenazado por el hambre, el frío y la soledad. Desgastada la voluntad tuvo que enfrentarse a la sagaz verborrea del que todo lo mancha.
¿No tienes hambre gran hombre, pues comete las piedras y haz de ellas miga de pan, y así me callas?
Desconcertado, escuchó las palabras de Jesús: "No sólo de pan vive el hombre", las palabras de su Dios también le sirven de alimento para el alma. Pero el diablo no se rinde y siempre que puede nos hacer oír sermones de la nada. Sermones que te llevan por un camino equivocado aunque parezca lo contrario.
-"Mira hacia abajo Jesús, todo esto te daré si te postras ante mí y me alabas". Que poco sabía de Jesús, que poco de su voluntad y de sus ganas.
-"Sólo al Señor alabarás y ante Él te postraras". Maldito demonio, no podrás contra mí, el poder del amor es más fuerte que todas tus tentaciones.
Se fue arrinconado y triste el esperpento, y los ángeles rodearon al Señor y le cuidaron. En la penumbra de nuestros pecados, nos quedan 40 días para volver a empezar, para redimirnos como creyentes, para juntarnos con Jesús y valorar las cosas realmente importantes de la vida. No os desaniméis, el diablo aunque brutal, no tiene la última palabra. Siempre es la nuestra la que fija nuestra vida, y nuestra alma.