Ahora que han pasado ya unos días desde nuestra Estación de Penitencia, quisiera agradecerte ciertas cosas que como persona joven, cada año me enriquecen más el corazón.
Sé que en la oscuridad de mi trabajadera, entre el calor, el cansancio y el mal olor, mi corazón ciego se iluminará con la fe y amor que siento en esos momentos hacia lo que estoy portando. Fe y amor que en estos 16 años que llevo siendo hermano, han ido creciendo al igual que lo ha hecho mi cuerpo.
Pero sobre todo en estos 3 años que llevo de costalero, me has enseñado que en esos duros momentos que vivimos debajo del paso, nunca estaré solo, que tendré a mis compañeros de sudor, lágrimas y silencio, y esa voz, que es la tuya, siempre conducirá mis pasos y cuidará de mí.
No se como explicarte con cierta claridad todo lo que siento, pero se que quiero ser costalero. Lo que siento ahí debajo, nunca en la vida lo he sentido. Esas lágrimas que recorren mi cara cuando hago la salida, ese sudor frío que me recorre la frente, ese sentimiento de amor que tengo hacia mi Cristo…; son tantas cosas juntas, tantas emociones en tan solo unos minutos...
Hasta que no estas ahí debajo, es muy difícil de saber lo que sienten los demás, porque es imposible explicar de palabra lo que ahí debajo se "cuece".
Gracias por aportar un granito de arena en mi formación como persona, y por acercarme más hacia mi Padre, Jesús de Nazaret, que a lo mejor por la juventud lo tenía un poco olvidado.
Solamente me puedo despedir agradeciéndote una vez de nuevo todo lo anterior.