A continuación, de la mano de uno de los integrantes del piquete que efectuó el acompañamiento al Cristo de la Cama, Paulo Ruiz, damos a conocer el sentir de varios hermanos destacando la enorme satisfacción que supuso y supone, actualmente, la participación de este grupo de jóvenes en la procesión. Gracias a Abel, Alexis, Juan, Rubén, Alejandro, Víctor,Tania, Carla, Paulo y Hugo. Es de agradecer la unión y la voluntad de todas las Cofradías y Hermandades que han participado en este acto tan entrañable, ya que sin el empeño, esfuerzo y sudor que se ha derramado, todo ésto no habría sido posible.
Desde el primer momento, en nuestro nombre, fueron partícipes todas y cada una de las Cofradías y Hermandades de Zaragoza y así deseamos transmitir este sentir.
Enhorabuena a todos.
Cuando el destello de una farola de San Cayetano me deslumbró a través del reflejo de mi tambor, comenzaron a abrirse las puertas.
No se sabía muy bien que iba a pasar, pero algo invadió mi corazón, y con un breve ahogo que se desvaneció en el aire, comenzó a retumbar en San Cayetano un grupo de tambores, bombos y timbales para recibir al Cristo de la Cama. Poco a poco, al marcar y andar la lenta, sentí una satisfacción muy grande llena de ilusión al saber que en algo tan importante, histórico, destacado… íbamos a ser partícipes y a compartir todas las Cofradías por igual este momento tan íntimo, pero a la vez algo que se sale de lo normal.
Ese constante murmullo del público que nos rodeaba era ínfimo, pero suficiente como para escuchar comentarios de personas que no sabían el porqué de esto, que a su vez, alguien les contestaba dándoles información de lo que estaban presenciando.También había un sentimiento muy duro y difícil de digerir al observar numerosas personas a quien se les escapaba alguna lágrima, fruto de la emoción.
Comenzaba a oscurecer, era una noche perfecta para un día tan especial. La noche se había preparado para recibir esta procesión bajo la oscuridad más austera, rotunda, pulcra, y a la vez clara en mucho tiempo. Se intensificaba el cansancio que acechaba en nuestro cuerpo, no teníamos que mostrar el más mínimo gesto de cansancio, ya que al imaginarnos por un solo instante donde estábamos y qué estábamos haciendo, esto desaparecía.
Mientras mi mente viajaba imaginando cómo sería el encuentro entre la Virgen del Pilar y su hijo desvanecido en la cama, una sensación indescriptible hacia que ese deseo de verlo momentos más tarde, se ralentizase.
Lo realmente fascinante y emotivo, era el buen ambiente, las caras, la paz, la armonía que se respiraba por todo el trayecto. Había gestos muy emotivos con significados muy relevantes, pero a la vez quizás un poco ambiguos.
Solo quedaban minutos para ese encuentro tan esperado por los fieles, minutos que se convertían en horas.
Conforme llegábamos a la Basílica, pasando por La Seo, un viento muy elegante, desafiante y a la vez frío, azotaba estandartes y banderines dando vuelos y despliegues de hábitos, y mareando adornos de sombreros de otros integrantes de la procesión.
Por fin, parecía que este momento no iba a llegar nunca, llegamos al Pilar, donde la Virgen abría los brazos para levantar a su hijo de la Cama, donde con todo su amor de madre, consiguió amparar y velar a su descendiente para hacer posible su unión con Cristo una vez curado.
Después de este momento tan preciado, esas horas que había creído vivir en la procesión esperando este momento, llegué a la conclusión de que tan solo había sido un tiempo muy reducido.