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En primer lugar, contaremos con las palabras de Javier Barco, capataz de nuestro Paso del Cristo del Amor Fraterno, designado para llevar "en
andas" a Jesús junto a su Madre en tan emotivo acontecimiento para todos los hermanos cofrades. Enhorabuena, Javier, por tu saber hacer.Y gracias,
Ernesto (en nombre de toda tu Hermandad), por la confianza depositada en él. Gran detalle que nuestra Cofradía, y tuya más que nunca, siempre recordará.

El pasado 14 de febrero, se celebró la procesión del rescate del < de la Cama>>, en conmemoración del 200 aniversario del rescate de dicha imagen de entre las ruinas del convento de San Francisco. Rescate que se produce el 17 de febrero de 1809, tres días antes de la capitulación de la ciudad de Zaragoza. Lo protagoniza María Blánquez, una de las muchas heroínas en la Zaragoza de < Sitios>>, quien se pone al frente de un grupo de hombres y habiendo cogido una de las banderas que allí tenía la Hermandad de la Sangre de cristo, representando a las cuatro partes del mundo, lo llevan, en medio de un tremendo bombardeo y entre terribles descargas de fusilería ante Palafox, quien después de adorar al Cristo, ordena que lo lleven al Pilar, a la casa de todos, al lado de su madre, la Virgen.

En la Cofradía de la Eucaristía, este pasaje del rescate del < de la Cama>>, no nos es ni mucho menos ajeno. En los encuentros que cada año tenemos con los nuevos hermanos, hacemos un pequeño resumen de la historia de la Semana Santa de Zaragoza, y dentro de ese resumen, el episodio del rescate de María Blánquez, es uno de los que reseñamos de manera destacada.

¡Gracias! María, porque con tu gesta podemos tener entre nosotros a la imagen en torno a la cual ha girado la Semana Santa de nuestra ciudad los últimos doscientos años.

Con este <<gracias>> a nuestra heroina, comenzamos a desgranar el rosario de agradecimientos que le han permitido, a este humilde capataz, llegar hasta aquí y que es justo reconocer. En segundo lugar, quiero manifestar mi gratitud a la < Ilustre, Antigua y Real Hermandad de la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo y Madre de Dios de Misericordia>>; ¡gracias!. Haber tenido el inmenso honor de haber sido el capataz del < de la Cama>>, ha supuesto uno de los momentos cofrades más intensos de mi vida, y van ya unos cuantos. He recibido el apoyo de la Hermandad, he sentido un enorme cariño por parte de todos sus miembros y me han transmitido su gratitud por haber <<paseado>>(1) por las calles de Zaragoza, a su Cristo; ¡su gratitud!, ¡cuando soy yo, el que les debe gratitud por tan inmenso honor!

La siguiente cuenta de este rosario, va dirigida a la cuadrilla de costaleros que le prestaron sus piés al Cristo para salir andando por las calles de nuestra ciudad; ¡gracias!. Desde el primer día y con el máximo interés, nos pusimos a la taréa de crear una cuadrilla de costaleros, y ¡vive el cielo que lo logramos!, ¡ahí quedó el resultado!. Como si nos conociéramos desde hacía mucho tiempo, enseguida cuajó un grupo de cofrades en pos del mismo objetivo. Hubo un ambiente magnífico de colaboración, sentí que poco a poco me ganaba la confianza de aquellos hombres, todos queríamos que aquello saliera bien y conforme avanzaban los ensayos, a la gente le iba gustando el resultado. La mayoría, era la primera vez que disfrutaban debajo de un paso, se sentían orgullosos de ser los pies del Señor, de ser los verdaderos culpables de que después de muchos años, el < de la Cama>> estuviera vivo, plenamente vivo, tan vivo como las ochenta y cuatro vidas que llevaba debajo. Uno de los mejores regalos que me ha hecho esta procesión, es precisamente el de los ochenta y cuatro amigos más que he hecho en la Semana Santa de Zaragoza. Pocas veces he recibido tal cantidad de enhorabuenas, en pocas ocasiones han sido tan efusivos conmigo. Me habéis manifestado vuestra gratitud de manera personal, a través de mensajes al móvil, con correos electrónicos, me habéis explicitado que habéis disfrutado debajo del paso, y ese es mi gran orgullo; que la gente disfrute debajo de un paso.


La cuarta cuenta de nuestro rosario se va a la Sevilla de mis amores. Como si esta cuenta fuera un conjunto de misterios, en este caso gloriosos, de ella colgarían otros muchas cuentas, repletas de gratitud. Si nací cofrade en Zaragoza, a la ciudad de Sevilla le debo haber crecido como tal. ¡Gracias!. El primer agradecimiento es para mi querida Hermandad de la Sagrada Cena de Sevilla, en ella se me acogió verdaderamente como un hermano más. A Pascual, por haberme dado sitio en el Palio de la Virgen del Subterraneo, donde empecé a aprender las primeras lecciones como costalero primero y como capataz después. A mis capataces, por haber contado siempre conmigo. A Norma, mi gran maestra en esto de la Semana Santa. A mi tío Manolo y a su familia por todo el apoyo y el cariño recibido. A José Antonio, siempre pendiente de lo que pudiéramos necesitar. A Rafa, capataz sevillano, que vino a Zaragoza a darnos las primeras lecciones para que el milagro de nuestro paso de costaleros fuera una realidad. Y a tantos otros que aquí no puedo destacar, pero que estuvieron ahí.

La última cuenta de este rosario cofrade, es la responsable de todo lo anterior. Si la cofradía de la Institución de la Sagrada Eucaristía no hubiera creído en mí, si no hubiera recibido su apoyo, todo este periplo como capataz, sencillamente no hubiera sido. Si he llegado hasta aquí, es porque detrás mío ha habido un colectivo de Hermanos que me han dado sitio, que me han apoyado. Es porque detrás mío ha habido toda una cofradía que se puso manos a la obra para que sucediera en primer lugar el milagro del paso a varal, escuela y germen de la posterior cuadrilla y en segundo lugar, el milagro del paso de costaleros. ¡Gracias!. Quiero acordarme de una forma explícita de Julio Cuellar, él fue quien primero depositó su confianza en mí, para sacar adelante la cuadrilla del Cristo del Amor Fraterno. A Carlos Martinez, con quien fui doce años Hermano Teniente. A Enrique Martinez, con quien coincido mucho más de lo que discrepo. A todos los hermanos de la cofradía que en un momento determinado habéis estado ahí, al lado mío, sin todos vosotros hubiera sido imposible, no os puedo nombrar a todos, pero habéis sido muchos y de muchos he recibido reconocimiento y cariño.

De esta última cuenta del rosario cuelga una cuenta muy especial. <<Todos>> y cada uno de los que han sido costaleros míos a lo largo de estos años, estos a los yo digo < gente>>, en un sentido cofrade restrictivo y especial, ellos han sido los que de una manera decidida, han creido en mí, cada vez que les pedía: < de frente>>. Para mí, simplemente por haber estado ahí, cumpliendo, colaborando con la cofradía y con su capataz, para que un año más se produjera el milagro del Jueves Santo y el paso saliera a la calle y cumplimentara su recorrido sin más novedad que la de haberlo hecho bien; cuentan con una especial consideración y un enorme agradecimiento.

Gracias a todos.

Javier Barco.
Capataz.

 
   
   
   
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