Estamos en la calle. Es Jueves Santo por la mañana y Pepe acaba de abrir la puerta lateral del Perpetuo Socorro. Entramos en la iglesia sabedores de todo el trabajo que nos queda por delante, a lo largo de la mañana. En el rincón de la sala de la pila bautismal, los pasos se ven desnudos. Escaleras, bancos, herramientas, cables...a su alrededor.
En el cuarto del patio ya hay quienes llevan un rato cortando y preparando flores. Limpiar, colocar los faroles grandes y los pequeños de las esquinas, sujetar algún Apóstol que "baila" mucho y el Cristo de la Cena, fijar las esponjas para colocar las flores, probar los sube-baja y las cadenas de la dirección, comprobar las ruedas, situar la mesa con el mantel y sus velas, cortar y poner la cera en todos los faroles, fijar la palangana con la jarra, repasar los tornillos de sujeción de los respiraderos y los escudos... son faenas que cada hermano cofrade, que aquí se ha acercado, va haciendo. Alguien dice aquello de "un café". La propuesta tiene éxito, cómo no. A la vuelta nos esperan las flores. Colocarlas bien es el objetivo. Que no sobresalgan más de dos centímetros de la vertical del paso es importante. Esos dos centímetros de más o de menos, son los que nos permitirán o no, poder salir esta tarde por la puerta. Todo el mundo se esmera.
La mañana se ha pasado como un abrir y cerrar de ojos, pero aquellos pasos desnudos, ahora lucen llenos, todo su esplendor. Toca irse a comer.
Por la tarde, tras los Oficios, la iglesia empieza a quedarse vacía de fieles. Sólo queda la Cofradía. Se sube el Pan Bendito a la mesa del Paso. Hay que empezar a mover los bancos para poder hacer las maniobras para sacar los pasos y organizar el orden procesional.
Las lucen se apagan. Los incensarios se encienden. El Cristo del Amor Fraterno se mueve sobre ese puñado de hermanos costaleros. Los acompañamos, sufrimos y disfrutamos su salida. Al cielo. A tierra. Más a tierra. Impresionante.
El Paso de la Cena se empieza a mover. Despacio. Paco, Joaquín, soltar clavos. Estamos frente a la puerta. Fijar clavos. Es la hora. Nos vamos. Es un momento en el que el corazón va algo más deprisa de lo normal. Desde afuera se oye el sonido de la sección de instrumentos. Los laterales van pasando por las jambas de la puerta. Algún clavel va rozando en la madera. Un poco a la derecha José. Vamos. Recto. Adelante.
Desde la calle se empieza a ver el frontal del paso. Despacio. Sujetando en la rampa. Que no se vaya.
Estamos abajo. Arriba el Cristo. Levantamos los Apóstoles. Colocamos los respiraderos. Fijamos los escudos. Guardamos las rampas.
Ahora debemos de ser capaces de hacer participar de la Cofradía y entender la Eucaristía a todo el mundo que nos vea manifestarnos en procesión por esta cuidad. Estamos en la calle.