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Ahora que vamos a llegar a los 17 años desde la primera celebración del Triduo, puede ser un buen momento para pararnos a pensar y recordar las razones que nos movieron a celebrar el Triduo.

Nuestra Cofradía se mueve alrededor de la Eucaristía, siendo su advocación la Institución del Sacramento, lo que visualizamos en nuestros dos pasos: la Santa Cena y el Cristo del Amor Fraterno.

En el primero, el Señor de la Cena está rodeado de sus apóstoles, sosteniendo el cáliz en la mano en el momento de su consagración, de decir: tomad y bebed, esta es mi sangre. El segundo, en realidad es muy parecido, representa casi el mismo momento. En alguna ocasión hemos dicho que es una instantánea sacada de la Santa Cena, en la que vemos la única imagen de Jesús con el pan en la mano, ofreciéndolo a todos; lo que permite visualizar mejor y centrarnos más en el momento de la institución de la Eucaristía, el momento sobre el que gira nuestra Cofradía.

Pero en realidad, entre los dos hay una gran diferencia. En el primero lo vemos en una escena de hace dos mil años, rodeado de sus apóstoles instituyendo la Eucaristía. En el segundo, lo vemos hoy, ofreciendo su pan de vida a cada uno de nosotros que lo vemos, que nos acercamos a él. Además, esta imagen por su advocación, se refuerza con otra de las notas importantes del Jueves Santo: el amor fraterno.

Centrada así la importancia de nuestros pasos y nuestras imágenes en la vida cofrade, nos preguntamos: ¿Por qué el triduo? La respuesta sigue siendo la misma que hace 17 años. Porque no las tenemos al culto todos los días, porque no nos podemos acercar a ellas con normalidad. Por eso es bueno tenerla unos días en el altar, cerca, poder mirarla, poder ver su mano extendida con el pan, poder asumir su mensaje de amor lentamente por el contacto y la cercanía con el rostro de Cristo.
El Triduo, que el Cristo esté en un altar, nos permite poder acercarnos a un banco de la iglesia y sentarnos tranquilamente. Mirar sus ojos. Escuchar sus palabras con el corazón: el que come mi pan no morirá, un mandamiento os dejo: que os améis los unos a los otros como yo os he amado, Dios es amor.
 
Dentro de unos días, en Semana Santa, sacaremos nuestras imágenes a la calle, en procesión. Pero en medio de tanto acto, de tanta prisa, de formar en un lugar u otro de la procesión, casi somos los que menos podemos disfrutar de nuestras imágenes. El triduo nos permite acercarnos a nuestro Cristo de una manera reposada, tranquila, sin prisa, oírle, hablarle,...

Aprovechemos los días del triduo para acercarnos en cofradía, en hermandad, todos juntos, haciendo iglesia, al pan de vida, a la eucaristía, a nuestro Cristo de Amor.

Enrique Martínez.

 
   
   
   
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