Este año si que pudimos salir. No llovió, pero la noche fue fría y muy dura.
Pese a todo, salimos a testimoniar el mensaje de amor y Eucaristía de nuestra cofradía en la calle.
Abrimos la procesión con nuestro Guión. Este año con una nuevas barras repujadas, rematadas por una Cruz que combina las ideas de Cruz de Guía y Custodia, uniendo las dos ideas de nuestra Cofradía: cruz y Eucaristía.
Detrás salió nuestra Sección de tambores y bombos, lentamente, ordenadamente, al ritmo mocorde de la marcha lenta.
Detrás se entreveía, ya, el Paso del Cristo del Amor Fraterno.
Entre tambores y bombos: los niños.
Con tambores, casi, más grandes que ellos mismos.
Pero nunca más grandes que su ilusión, que sus ganas de salir a la calle, que sus deseos de pregonar la eucaristía.
Terminaron de salir los tambores y los bombos.
Quedó al descubierto, en medio de la oscuridad de la noche, el Paso del Cristo del Amor Fraterno, tenuemente iluminado por la luz de los cirios.
Cristo, con la mano extendida y el pan entre sus dedos.
Cristo, ofreciéndonos el pan a todos.
Cristo, Bendiciendo el pan.
Lentamente, paso a paso, fue saliendo ...
Cristo con el pan en la mano. Arriba María, abajo el Calvario
Los cirios morados, con su llama encendida, dan calor a Cristo y van llorando lágrimas de cera por todos nosotros, en este peregrinar, desde el Perpetuo Socorro, hasta San Cayetano.
Finalmente se vio la Santa Cena, dentro de la Iglesia. Suavemente iluminada por los cirios de sus faroles.
Pronto iba a salir a la calle
El Señor de la Cena, con el cáliz en la mano.
A su lado los apóstoles, intentando entender que es lo que pasa esa noche, en esa mesa.
Al fondo, detrás, María, siempre presente en la vida de Jesús.
En esta imagen del Paso en la calle podemos apreciar un detalle de la nueva disposición de los apóstoles y de las nuevas túnicas.
Ya está la Cofradía en la calle.
Lentamente emprende el camino, por las calles de Zaragoza, rumbo a San Cayetano, para predicar la eucaristía y el amor. Para elevar una oración a Cristo.
Loas tambores se alejan, llenando de sonido nuevas calles,...
Los niños, también, llenos de ilusión, emprenden el viaje...
Rumbo a Zaragoza, rumbo a sus gentes, ....
Antes de alejarnos, un detalle de la Jarra y la jofaina, que sirvieron en la Santa Cena para que Jesús lavara los pies a sus apóstoles.
Una prueba más de su amor en la noche del Jueves Santo.
La Cofradía en la calle Alfonso, rodeada de publico viéndola pasar.
Y la Cofradía si adentra por las intrincadas calles de su Casco Viejo.
Buscando la historia de la Ciudad, buscando la historia de nuestros mayores que nos precedieron en la Cofradía y que hoy nos acompañan en la Cruz Inmemoriam
El pan.
Al final, siempre es el pan.
Simple pan, antes de llegar a las manos de Cristo.
Hoy ese pan es algo más,
Es vida, es el nuevo maná.
Tras el paso las "manolas" recordándonos con su silencio negro, mantilla y rosario, que la procesión es oración silenciosa.
Detrás los tambores y bombos, orando unidos, ruidosamente, estruendosamente... pero en callado silencio interior.
¡Cuántas veces, en la parte mas dura de una marcha, al apretar la maza o la baqueta, se escapa una mirada furtiva al Paso que les precede, invocando su ayuda!
Y Cristo avanza por las calles.
Con el pan en una mano y la otra bendiciéndolo.
Suavemente lo mecen sus costaleros, apretándose al duro madero, cerrando los ojos, sintiéndose los pies de Cristo.
Para llegar a Santa Marta.
Y levantar el Paso lentamente,
con los sones de Bendición.
rogando una bendición por todos,
para todos,....
Después seguirá recorriendo las calles,
Seguido por María, en el Guión de la Archicofradía del Perpetuo Socorro.