Es un regalo de Dios poder celebrar un año más el santo tiempo de Cuaresma y el de Semana Santa como preparación a la gran fiesta de la vida y del amor, la Pascua de Resurrección, el mayor acto de ternura de Dios hacia nosotros.
Vamos a acompañar a Jesús y a revivir los misterios más grandes de nuestra fe. Es un tiempo de gracia, de crecimiento cristiano en el amor, en la responsabilidad, en la solidaridad con los hermanos más necesitados.
Acompañar a Cristo no es sólo procesionar los pasos por nuestras calles al ritmo de tambores, de bombos y cornetas, es vibrar de emoción y agradecimiento. No honramos solamente las artísticas imágenes de los pasos, que nacieron de la fe de nuestros mayores, queremos vivir y hacer visible a los cristianos el misterio de Amor de Cristo en la cruz y en la Institución de la Eucaristía.
Muchas ciudades buscan con empeño que su Semana Santa sea declarada de interés turístico nacional. Quedarse en la belleza exterior de las procesiones sería reducirlas a mero folklore y espectáculo. Lo que nunca puede faltar en una Semana Santa cristiana es su valor religioso y trascendente.
La mejor manera de vivir la Cuaresma y la Semana Santa es vivir en cristiano este tiempo de salvación. Sentirse amigos y discípulos del Redentor e hijos agradecidos de María, su Madre y nuestra. Acoger con sencillez y confianza la riqueza inagotable del misterio de nuestra salvación. Imitar en nuestra vida las actitudes de Cristo, viviendo con gozo y paz el amor gratuito de Dios, aceptando las pequeñas cruces de cada día unidas a la suya.Y mantener siempre viva la fe en la victoria de Cristo sobre el mal y sobre la muerte, también aquí en la tierra, con la firme esperanza de nuestra participación gloriosa en la vida nueva que Cristo y su Madre nos ofrecen.
Hoy muchas cofradías están haciendo un esfuerzo por recuperar su espíritu fundacional. Todas nacieron con esta triple y hermosa finalidad: La santificación personal de los cofrades, vivir y hacer vivir al pueblo los misterios de la Redención y mantener un compromiso serio con los pobres y abandonados, que son los cristianos vivientes y sufrientes con los que Jesucristo se identifica.
De corazón os deseo a todos, Hermanos Cofrades, una santa Cuaresma, una espléndida Semana Santa y una muy feliz Pascua de Redención.